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El 2 de febrero de 1952 las primeras religiosas hacían su profesión en la misa celebrada por el Obispo de Barcelona, D. Gregorio Modrego Casáus, en la capilla del Palacio Episcopal. Nacía la Compañía del Salvador.

Por medio de sus votos se consagraban definitivamente a Cristo para servir a la Iglesia en el Instituto Religioso recién fundado, a través de su carisma y espiritualidad propios.

El nacimiento de la Compañía tiene como punto central de su historia un nombre propio: Madre María Félix Torres. Ella, que respondió con la totalidad de su ser al llamamiento de Dios Nuestro Señor, continúa invitando hoy, con su ejemplo, a seguir con generosidad y fidelidad los planes de Dios en la vida personal de cada uno.

 

M. María Félix Torres, Fundadora

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María Félix nace el 25 de agosto de 1907 en la villa de Albelda (Huesca). A los cinco años, debido al trabajo de su padre, su familia se traslada a la colonia de Seira, en el Pirineo aragonés. Después de recibir una esmerada educación, obtendrá la licenciatura en Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza.

A los 14 años, cuando estudiaba el Bachillerato en Lérida, vive por primera vez la experiencia de los Ejercicios Espirituales según el método de San Ignacio de Loyola. Siente muy intensamente la llamada del Señor, y la respuesta, según leemos en su diario, no puede ser más clara y decidida: “Soy suya plena y conscientemente para siempre”.

A través de sus directores espirituales jesuitas, se entusiasma con la espiritualidad de San Ignacio. En 1932 la llamada sentida en los Ejercicios y madurada a lo largo de los años de estudios, se concreta en una vocación profundamente ignaciana, la propia de la Compañía del Salvador. El día 15 de agosto de 1934, junto a su primera compañera, Carmen Aige, hace un voto privado de gastar su vida en provecho de las alma y servicio de la Iglesia. La mayor gloria de Dios, siguiendo a Cristo, unida a Él, se convierte en la razón de su existencia. Sintió un gran gozo al descubrir que en aquel mismo día, 15 de agosto, pero cuatro siglos antes, San Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros habían hecho un voto parecido en Montmartre, París.

Poco a poco se le van uniendo otras jóvenes universitarias. El 11 de octubre de 1940, entonces festividad de Santa María, Madre de Dios, reciben permiso del obispo de Barcelona para vivir en comunidad. En 1944 D. Gregorio Modrego, obispo de Barcelona, erige la Pía Unión de la Compañía del Salvador y aprueba sus primeras Constituciones. En 1952 pasa a ser una Congregación religiosa de derecho diocesano y el 2 de febrero de ese mismo año emiten su profesión las diecisiete primeras religiosas de la Compañía. En 1986 la Compañía obtuvo de la Santa Sede la gracia de la aprobación pontificia.

Durante 18 años, la Madre María Félix Torres sirve a sus hermanas como Superiora General. Dios le asignó dentro de su Iglesia la parcela de la educación cristiana de la juventud, sobre todo universitaria. Con este fin abrió en España y en América los Colegios Mater Salvatoris, que tienen como fin propagar el carisma que el Señor le concedió: adhesión al Papa, amor tierno a la Santísima Virgen y hacer de los jóvenes fermento evangélico en la sociedad para llevarla a Jesucristo.

Hasta su muerte en la Casa de Madrid, Curia General, la Madre María Félix fue con toda verdad “alma y madre” de la Congregación. En espera de la resurrección de los muertos, sus restos descansan en el cementerio de la Casa de Espiritualidad de la Compañía del Salvador en Mota del Marqués (Valladolid).